Mostrando entradas con la etiqueta Juan Pablo II. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Juan Pablo II. Mostrar todas las entradas

miércoles, 4 de enero de 2012

LOS MOVIMIENTOS ECLESIALES



REVISTA ALANDAR, Año XXI, Nº 203, diciembre de 2003


LOS MOVIMIENTOS ECLESIALES

Los nuevos movimientos en la Iglesia desplazan a “los ejércitos” más arraigados

DANIEL MOYA

El pasado mes de mayo, Juan Pablo II se marchó de España más que encantado. El cardenal Rouco no se lo creía. El quinto viaje del Papa a nuestro país había sido un “éxito total”, muy por encima de las propias expectativas de la cúpula eclesial. Al menos, desde el punto de vista de la convocatoria de grandes multitudes, que es como la jerarquía y los medios de comunicación miden estas cosas.
Pero el mérito no fue de los obispos españoles. La “culpa” de la excelente acogida se debió a la masiva movilización organizada por los llamados nuevos movimientos eclesiales: en el aeropuerto de Madrid-Barajas, en los aledaños de la Nunciatura, en el aeródromo de Cuatro Vientos, en la plaza de Colón, en todos los lugares por donde pasaba Juan Pablo II había gente de los ‘kikos’ (el Camino Neocatecumenal), de los ‘cielinos’ (Comunión y Liberación), de los Focolares, de los Legionarios de Cristo, del Opus Dei...
Y es que, como bien se ha dicho, los nuevos movimientos son el auténtico “ejército” del Papa en sus ansías de reconvertir al mundo al catolicismo. Tan es así que el auge de estos grupos se ha convertido en uno de los rasgos más característicos del pontificado de Juan Pablo II, al que incluso han llegado a calificar como el Papa de los movimientos. Y con toda la razón del mundo.
El apoyo del Vaticano a estos movimientos quedó “oficializado” en el famoso Congreso Internacional de los Movimientos Eclesiales, celebrado en Roma en el día de Pentecostés de 1998. Aunque este encuentro congregó a 56 de estos nuevos grupos, el Papa decidió reunirse en público con los líderes y fundadores de siete de ellos, escogidos “en virtud de su extensión y representatividad universal”: Kiko Argüello, del Camino Neocatecumenal; Chiara Lubich, de los Focolares; Luigi Giussani, de Comunión y Liberación; Patti Mansfield, de la Renovación Carismática Católica; Marcial Maciel, de los Legionarios de Cristo; Andrea Riccardi, de la Comunidad de San Egidio; y Joaquín Allende, de Schoenstatt. En esta ocasión, Juan Pablo II, bajo el lema “Movimientos eclesiales: comunión y misión al alba del tercer milenio”, quiso honrar a “una de las más claras expresiones de la acción del espíritu en la Iglesia del siglo XX”.

Nueva evangelización

Pero el respaldo del Papa venía de lejos. Al poco de llegar al Vaticano, Wojtila ya tenía en mente su plan “nueva evangelización”, que tenía un objetivo doble: por un lado, restaurar la fuerza de una Iglesia que consideraba debilitada por las derivas del Concilio Vaticano II y, por otro, reforzar la presencia católica en una sociedad cada vez más secularizada. Juan Pablo II decidió poner su proyecto en manos de los nuevos movimientos eclesiales en detrimento de la hasta entonces vanguardia de los “ejércitos” papales: jesuitas, dominicos y franciscanos, principalmente, luchaban más, por sacar a la gente de la pobreza que por hablarles de Cristo. Además, habían llegado, a su juicio, demasiado lejos en la interpretación de la nueva Iglesia que anunciaba el Concilio. Ni que decir tiene que entre los que habían llegado “demasiado lejos” destacaba, en primer plano, sin ser mencionada explícitamente, la Teología de la Liberación, cuya aproximación al marxismo no podía consentir un Papa originario de una Polonia subyugada por el comunismo.
Los jesuitas -sobre todo en El Salvador (recuérdese a Ellacuría y sus compañeros mártires)- y los franciscanos -en Brasil, con Leonardo Boff a cabeza- eran los principales animadores de la Teología de la Liberación. Había, pues, que pararles los pies. El control de los primeros se inició en 1980 con el aislamiento de Pedro Arrupe, general de la Compañía de Jesús, y la imposición al frente de la orden de una persona de la confianza papal, el italiano Paolo Dezza. Con las otras órdenes religiosas, bastó el ejemplo de lo ocurrido con los jesuitas y los procesos abiertos por la Congregación para la Doctrina de la Fe (el antiguo Santo Oficio) a algunos de su miembros más polémicos, como iniciado contra Boff en 1984 que acabó con la secularización el teólogo.
Juan Pablo II no ocultó nunca su cercanía al Opus Dei, que hasta entonces había sido visto con desconfianza por el Vaticano. Con el nuevo Papa, su ascensión fue vertiginosa. Ya en 1978, pocos días antes del primer cónclave después de la muerte de Pablo VI, el entonces cardenal Wojtyla visitó Villa Tevere, la sede del Opus, y rezó ante la tumba de Escrivá. En 1982 otorgó a la organización el título de “prelatura personal”. Creada a medida para el Opus, le concede los atributos de una verdadera diócesis sin limitación territorial. El prelado del Opus depende directamente del Papa, escapando así a la autoridad de los obispos diocesanos. En 1992 beatificó a Escrivá, sólo 17 años después de su muerte, y el año pasado lo convirtió en san Josemaría.

Al asalto del poder

Los nuevos movimientos, en fin, con todo el celo apostólico de su juventud, recibieron el encargo de recristianizar el mundo. El diseño era sencillo: los movimientos se repartirían el trabajo en función de su “carisma” propio y para evitar grandes choques entre ellos: el Opus Dei, los Legionarios de Cristo y Comunión y Liberación se dedicarían a las élites. Los Neocatecumenales y los Focolares, a las clases medias. Y los carismáticos, a las clases más populares. En este proyecto no cabían las comunidades de base, desautorizadas y anuladas, y el resto de movimientos de ambiente o especializados, que han sido marginados. Más de veinte años después, la estrategia no parece haber logrado su objetivo, pero estos movimientos no sólo se han consolidado en la Iglesia sino que poco a poco se han ido extendiendo por el mundo y tomando las riendas del poder.

Fidelidad recompensada

De todos los rasgos comunes, hay uno que sobresale sobre los demás y que explica a las claras la preeminencia actual de los movimientos: la fidelidad al Papa.
Una fidelidad que el Pontífice ha devuelto con creces. Hoy, los movimientos gozan de un respaldo vigoroso por parte de la jerarquía y muchos obispos los solicitan para animar la vida católica en sus diócesis. Pero conviene recordar que estos movimientos eran -aún lo son en algunos lugares- vistos con recelo por gran parte de la Iglesia institucionalizada: las grandes congregaciones, las parroquias y muchos obispos; y con frecuencia eran acogidos con desconfianza allá donde decidían instalarse.
Lo que constituía al principio la gran novedad de los movimientos -es decir, que eran eminentemente laicales- ha ido desapareciendo con los años. En mayor o menor grado, todos ellos se han ido clericalizando, creando ramas “sacerdotales”, formando a sus propios curas e incluso fundando sus propios seminarios al margen de las diócesis. En consonancia con los tiempos, los sacerdotes asociados o miembros de estos movimientos están siendo promovidos a la jerarquía. De hecho, su clero está evolucionando como una especie de jerarquía paralela que va tomando posiciones en en Vaticano y en las distintas Iglesias locales.

El vergel español

Aquí aparece, claro, otro rasgo común a los movimientos que se nos había escapado: el gusto por el poder. Es la vieja premisa del Opus Dei, compartida por el resto -sobre todo, por los Legionarios de Cristo y Comunión y Liberación- de que la evangelización se juega en la política, incluso dentro de la Iglesia. Dicho en otras palabras, el poder es necesario para imponer sus doctrinas -que son las únicas “verdaderas”- al resto de la Iglesia y de la sociedad.
Así las cosas, España es uno de los países que mejor ha acogido a los nuevos movimientos. No en vano dos de los más importantes -Opus Dei y el Camino Neocatecumenal- nacieron aquí, y otro más -Legionarios de Cristo- es de origen mexicano y, por tanto, de habla castellana. De hecho, el pasado mes de septiembre, las páginas religiosas del diario “La Razón” (cuyo coordinador Alex Rosal, dicho sea de paso, es “legionario”) declaraban triunfalmente que “Medio millón de católicos españoles participan en movimientos apostólicos”. Según este artículo, el más numeroso, con 86.000 miembros, es el Camino Neocatecumenal, seguido por el Apostolado de la Oración, con 50.000, y los Focolares, con 42.000. A tenor de este informe, el Opus Dei tiene 33.000 adeptos y los Legionarios de Cristo (que figuran con el nombre de su rama laicaa, Regnum Christi), apenas 4.000. El resto, hasta el medio millón, se reparte entre decenas de grupúsculos.
Lógicamente, las cifras deben ser vistas con cierto espíritu crítico, habida cuenta del secretismo que rodea a estas organizaciones, que, en ocasiones, ni siquiera desvelan el número real de seguidores. Sea como fuere, es evidente que, en relación con la masa de creyentes, estos grupos son insignificantes. Y, sin embargo, han sabido introducirse en los centros de mando, en España y en el resto del mundo católico.

A la caza del obispo cercano

Por influencia, ya que no por número, tal vez los segundos en la lista, después del Opus, sean los Legionarios. Según José Martínez de Velasco, autor del libro “Los Legionarios de Cristo”, “España es la base operativa para la expansión legionaria hacia Roma y el continente europeo. A través de selectos colegios y de un activo entorno universitario en Madrid, Valencia, Cantabria, Salamanca, Barcelona y Sevilla, la Legión de Cristo se está introduciendo en las familias y en los círculos más poderosos e influyentes de la economía y de la comunicación de nuestro país”. Legionarios reconocidos son dos ministros, Ángel Acebes y José María Michavila, además de una hermana de Ana Botella, que no oculta su proximidad al movimiento. Y en su órbita se mueven también otros apellidos ilustres de las finanzas y la universidad como Gustavo Villapalos; la familia Oriol (que cuenta con 4 curas legionarios) o Alicia Koplowitz y su fundación Vida y Esperanza. Dueños de la universidad privada Francisco de Vitoria, su estrategia actual consiste en ir comprando y/o fundando colegios para formar a los más jóvenes. Ejemplo de ello es el reciente caso del colegio El Bosque, de Madrid, cuyos alumnos han visto cambiar la orientación laica del centro a la ideología legionaria -separación de sexos incluida- a mitad del curso.
También los ‘kikos’ cuentan ya (¡cómo no!) con su obispo: monseñor Ricardo Blázquez, de Bilbao, uno de los teólogos del Camino. Y con su universidad: la Católica de Murcia, una de las zonas, junto con Andalucía y Madrid, donde están más extendidos. Pero si a alguien se le puede acusar de Iglesia paralela es, desde luego, a ellos. Tan en así que, sólo en España, controlan más de 300 parroquias y han abierto un seminario propio en Madrid, el Redemptoris Mater, para formar a sus propios “misioneros itinerantes”. Tienen, además, dos centros especiales de formación en San Pedro del Pinatar (Murcia) y El Escorial (España). Aunque oficialmente pobres, la Fundación Familia de Nazaret para la Evangelización Itinerante, aprobada en Madrid por el cardenal Suquía en 1992, mueve al año más de 120 millones de euros, procedentes sobre todo de los diezmos de las familias. Sus dirigentes utilizan esos fondos sin rendir cuentas a nadie. La revista francesa Golias, de origen católico, les ha dedicado recientemente un número monográfico y se atreve a decir que el Camino incurre en ocho de los diez criterios que el Consejo de Europa establece para identificar a las sectas perniciosas.
Más pequeños por el número -apenas 1.500 en España-, Comunión y Liberación (CyL) es, sin embargo, el movimiento que más apoyo explícito tiene en la jerarquía episcopal. ‘Cielinos’ son los arzobispos de Granada, Franciso Javier Martínez, y Oviedo, Carlos Osoro. Y dando vueltas en torno están también el de Valladolid, Braulio Rodríguez, y los auxiliares de Madrid Eugenio Romero Pose y César Augusto Franco, hombres de confianza del cardenal Rouco.
Como en otros países, CyL está sobre todo presente en el mundo universitario y editorial a través de Ediciones Encuentro, la asociación Atlántida, que organiza el Happening, una cita fija en el calendario universitario de tipo lúdico, y la asociación Nueva Tierra, que agrupa a un amplio haz de grupos parroquiales y universitarios. Teológicamente, cuentan con el aval de gran parte de los escrituristas de la Escuela de Madrid.
Por último, los focolares, pese a sus 42.000 adeptos reconocidos, están mucho menos presentes en los alrededores del poder. Por supuesto, tienen igualmente un obispo, en este caso monseñor Francisco Pérez, arzobispo castrense y director de las Obras Misionales Pontificias, que mueven más de 1.000 millones de euros al año. Y también una editorial, Ciudad Nueva, y una revista del mismo nombre, además de la Escuela Aabbá con cursos de nueva teología y otras disciplinas humanas y científicas. Por lo demás, viven y actúan mucho más calladamente. Porque, al fin y al cabo, lo importante no es el número de seguidores, ni lo poderosos que sean, sino extender el mensaje evangélico. Y si es como ellos lo entienden, mejor.
La Obra de Dios
El Opus es, además del más veterano, el movimiento más influyente en la Iglesia actual. Con 84.000 miembros según sus propias cifras -incluidos menores de edad-, 1.800 de ellos sacerdotes y el 26 por ciento numerarios (célibes), cuentan ya con 2 cardenales: el arzobispo de Lima, monseñor Cipriani, y el español recientemente nombrado Julián Herranz, miembro de la curia (presidente del Consejo Pontificio para los Textos Legislativos. ‘Opusinos’ son también otros dos españoles: el portavoz del Vaticano y muñidor de toda la estrategia comunicativa, Joaquín Navarro-Valls; y el director de la Escuela Diplomática, Justo Mullor. Cercanos son igualmente el secretario personal del Papa, monseñor Diwisz; los cardenales Sodano, López Trujillo y Moreira Neves; y el nuevo secretario para las Relaciones con los Estados, monseñor Lajolo.
En España, de momento, sólo han conseguido colocar a uno de los suyos al frente de la diócesis de Burgos: monseñor Gil Hellín, que vino directamente de la curia romana. Pero cuentan con la simpatía de casi todos los demás obispos: 50 de ellos asistieron a la canonización de san Josemaría en octubre de 2002. El más entusiasta de ellos es el primado de Toledo, Antonio Cañizares, conocido como ‘el pequeño Ratzinger’. Si los hay, y muchos, en América Latinaa: 7 en Perú, 4 en Chile, 2 en Ecuador, 1 en Colombia; 1 en Venezuela; y en Argentina y 1 en Brasil. Es significativo que dos de ellos hayan sido nombrado sucesores de personalidades como Óscar Romero, en San Salvador, y Hélder Cámara, en Recife.
Sólo un obispo en España, pero mucha influencia en las élites políticas, económicas y universitarias. Suyos son la Universidad de Navarra, con su afamada clínica universitaria, los colegios Tajamar y Retamar de Madrid y el IESE de Barcelona. Suyas son las editoriales Palabra, Rialp y Eunsa. Suyos son los grupos de comunicación Recoletos y Negocios (editores, respectivamente de diarios como Marca y Expansión o La Gaceta de los Negocios) y el periódico del arzobispado de Madrid, “Alfa y Omega”. Y suyo, además de multitud de empresas, el Banco Popular. Y muchos de sus miembros están presentes en las esferas del poder, entre ellos el ministro de Defensa, Federico Trillo; el fiscal general del Estado, Jesús Cardenal, y la Junta de Jefes de Estado Mayor del Ejército en pleno.


sábado, 7 de mayo de 2011

Y el Tapiz se descubrió por Eusebio Hernández Sola

Fuente del documento: http://81.25.121.230/noticia/731-y-el-tapizse-descubrio-por-eusebio-hernandez-sola LA RAZON





Cuando se le ha declarado beato y se ha descubierto su imagen, ha explotado toda la masa, los sentimientos de todos los fieles. Era el momento deseado por todos. Para mí sería difícil expresar exactamente lo que he sentido: una alegría muy profunda, una sensación de felicidad ya que un amigo ha sido reconocido por la Iglesia como un beato.



Una sábana en tonos crudos ocultaba la imagen del Santo Padre




Una sábana en tonos crudos ocultaba la imagen del Santo Padre - Foto: Efe


Gracias a Dios he vivido numerosos momentos junto a él. Hasta el final. Tuve la fortuna y la gracia extraordinaria de, si él murió el 2 de abril, al día siguiente, después de comer, poder rezar delante de su cuerpo. Había muerto hacía unas horas y allí me coloqué, de rodillas, a menos de dos metros. Fue un acontecimiento único sobre todo cuando fui consciente de su magnitud. Al observar las colas inmensas que se formaron en San Pedro para estar delante de él unos segundos, mientras yo pude hacerlo durante una hora. También tuve la fortuna de participar en la eucaristía de su funeral. Aún recuerdo aquello con emoción, ver toda esa masa inmensa de gente gritando: «¡Santo súbito!». Era una proclama unánime. Todos queríamos lo mismo: que se reconociesen las virtudes de ese gran hombre. Han pasado seis años y aquella demanda ha sido escuchada. En todo ello veo como un hilo conductor maravilloso sobre esta persona excelente, extraordinaria. Un beato.


Lo de hoy ha sido estupendo. Me encontraba en la parte de arriba con los obispos y desde allí he podido observar a toda la gente. La Plaza de San Pedro estaba a rebosar. Se les veía contentos, felices porque estaban con un beato que ha sido amigo de tanta gente, tan cercano. Aún me emociono cuando los jóvenes me dicen: «¡Juan Pablo II es mi Papa!». Ha sido conmovedor escuchar a Benedicto XVI mientras revivía sus vivencias con el Santo Padre. El contacto que tuvo con él. Yo no soy Ratzinger, ni he tenido un trato tan directo, pero, por mi trabajo, coincidí con él en numerosas ocasiones y, por ello, el discurso del Papa me ha hecho recordar esas experiencias. Además, era un hombre tan cercano que, una vez que entró en mi oficina para solucionar unos papeles, me atreví a decirle: «Santo Padre, se casa un hermano mío en poco tiempo y tengo aquí una bendición que, si fuera posible, me gustaría que firmara personalmente». Recuerdo que se acercó a mi mesa, tomo un bolígrafo que había encima y respondió: «Con mucho cariño». Y la firmó.


Era una persona entrañable, afectiva, sumamente cercana y, por eso, junto a él he vivido muchas experiencias que, de alguna forma, he revivido esta mañana. Tantas anécdotas, tantos recuerdos y sobre todo sus acciones. Te entusiasmabas al verle. Era un místico, un hombre que vivía profundamente sus vida interior, su oración. Su trato especial con los jóvenes. Cómo era capaz de llegar a cada uno de ellos, con facilidad. Todo esto es lo que hizo todavía más duro ver su sufrimiento en los últimos días de su vida. Después de disfrutar de su capacidad de oratoria, ver que quedaba reducida a nada fue duro. Pero, incluso en ese momento, supo comunicar. No usaba palabras, sino su propio sufrimiento. Fue su gran testimonio.






Eusebio Hernández Sola es Obispo de Tarazona



domingo, 1 de mayo de 2011

Juan Pablo II, a un milagro de la santidad

Juan Pablo II, a un milagro de la santidad


fuente del articulo:
http://www.blogger.com/v/20110501/sociedad//juan-pablo-milagro-santidad-20110501.html

De niño siempre jugaba de portero. Tenía manos grandes, no se le doblaban las muñecas y, sobre todo, se las arreglaba para caer sin hacerse daño. O no demasiado. Se le disparaba la adrenalina ante el peligro y era valiente. Lo suyo no era meter goles sino salvaguardar la red. La chavalería se lo rifaba, lo mismo polacos que judíos, porque el pequeño Wojtyla ('Lolek' para los amigos) despertaba confianza entre los palos. Así empezó a forjarse un carácter que no rehuía las responsabilidades, más bien todo lo contrario. Le gustaba saber que sus reflejos eran decisivos para mantener el marcador a cero; pocas veces se le escapaban los balones.



Allí, en el pueblecito de Wadowice, muy cerca de la infausta localidad de Oswiecim (más conocida como Auschwitz), vivió hasta los 18 años un hombre que terminaría llamándose el 'atleta de Dios'. Marcó época con pulso firme y mantuvo agarradas las riendas de la Iglesia hasta el final. Costase lo que costase, Wojtyla no tiraba la toalla. Era vigoroso, directo y tenaz. Algo que saltaba a la vista: en cuanto se agarró a la balaustrada del balcón del Vaticano, nada más ser elegido papa el 16 de octubre de 1978, quedó claro que no era italiano. Su estilo se desmarcaba del talante cadencioso, dulce y pelín amanerado de muchos de sus predecesores.



Era eslavo, con pasado proletario -había trabajado en una cantera y en una fábrica de sosa cáustica- y lucía espaldas anchas y musculosas bajo la sotana. Tenía 58 años y se había fogueado como creyente bajo el nazismo y el comunismo. Una vida de película a la que todavía le quedaba mucho metraje. Incluso después de muerto, sigue llamando la atención de mil millones de católicos de los cinco continentes, ya sea por la admiración o rechazo que suscita. Hoy será elevado a los altares en una misa presidida por Benedicto XVI y, a la espera de un millón de peregrinos, muchos romanos están haciendo su agosto.



El 'lobby' del Opus Dei

Se llegan a pedir 400 euros por una noche en hoteles de dos estrellas y, según los vendedores ambulantes, los bolsos con el lema 'I love Giovanni Paolo II' tienen más gancho que los 'pins' de la Fontana de Trevi. Un recuerdo es un recuerdo. La expectación, de nuevo, es máxima: en abril de 2005, con motivo de los funerales de Juan Pablo II, aterrizaron en Roma más de tres millones de personas, así que ahora la Ciudad Eterna se prepara para otra avalancha. Los gritos de 'Santo Subito' ('Santo ya'), que muchos corearon con el cuerpo de Wojtyla todavía caliente, hallaron inmediatamente eco en las paredes graníticas de la Santa Sede.


La maquinaria del Vaticano se puso las pilas y no perdió ni un segundo. En la era de la globalización y las nuevas tecnologías, cuando la secularización campa por sus respetos (incluida la muy católica Polonia) no debía de caer en saco roto tanto entusiasmo y devoción. «Máxime cuando se cuenta con un 'lobby' -el Opus Dei- que mantiene vivo el interés. No perdamos de vista que los procesos de canonización precisan de dinero, tiempo y mucha dedicación. Habrá muchos santos que no llegan a serlo públicamente por falta de ese respaldo. Toda la investigación, gestiones y demás no están al alcance de cualquiera...», aclara un teólogo que conoce bien los métodos que sitúan a los católicos en el disparadero celestial.



Conclusión: a Juan Pablo II se le dispensó de los cinco años habituales entre el fallecimiento y la apertura del proceso de beatificación, al igual que hizo en su día Wojtyla con la Madre Teresa de Calcuta. Acto seguido, la criba del aluvión de milagros que comenzó a atribuirse al papa polaco se hizo con rapidez inusitada. Nada menos que 251 llegaron a manos de la Congregación para la Causa de los Santos, responsable de encauzar las diligencias y dar el visto bueno a los candidatos, ya sean santos o beatos. Unos y otros son dechados de bondad a los que se les presuponen 'virtudes ejercidas con heroísmo', a saber: fe, esperanza, caridad, fortaleza, prudencia, templanza y justicia.



Eso sí, como pueden suponer, se trata de un ránking y «el pontífice que vino del frío», como algunos le denominan con cariño, está destinado a quemar todas las etapas y alcanzar el peldaño más elevado. ¿Cuál es la diferencia más significativa entre los dos escalafones? Muy fácil: viene determinada por los milagros. Al beato se le exige uno y el santo necesita dos para llegar a ser objeto de culto universal, lo mismo en Roma que en Manila o Chicago. Los beatos se tienen que conformar con la adoración local, ya sea donde nació o ejerció su labor. Así pues, los incondicionales de Juan Pablo II tendrán que ir a Italia o Polonia. De momento, claro. Solo hay que esperar un segundo prodigio para que suba de categoría, tan espectacular como el que experimentó Marie Simon-Pierre a los dos meses de morir Wojtyla.



Es una religiosa francesa de la Congregación de las Hermanitas de las Maternidades Católicas -enferma de Párkinson entre 2001 y 2005- que se curó «inexplicablemente» tras mucho rezar e implorar la ayuda de Juan Pablo II. Un día tras otro, rogaba para liberarse de aquel mal, el mismo que amargó los últimos años del papa. Nunca perdió la esperanza y, al final, encontró alivio a sus sufrimientos. ¡Total y absolutamente! Así las cosas, el poder del pontífice resultaba incuestionable: Dios aceptaba su mediación como correa de transmisión de los devotos que piden favores mediante la oración. Un privilegio al alcance de poco más de 6.500 almas que, según la Santa Sede, han entrado por la puerta grande del Paraíso. Ahora bien, son datos del llamado 'martirologio romano', un catálogo oficial que cuenta con el visto bueno de Roma. Lo cual no significa que no haya muchísimas más, anónimas y con una aureola casi tan brillante como la de San Francisco de Asís.



Sea como fuere, en esa lista autorizada de creyentes modélicos hay un poco de todo: simpáticos y huraños, célibes y casados, militares y civiles, carnívoros y vegetarianos, reyes y plebeyos, escritores y analfabetos, niños y adultos... El propio Wojtyla se aplicó a fondo para aportar el máximo de variedad: nombró 482 santos y 1.338 beatos, casi tantos como todos sus antecesores juntos. ¿Con qué finalidad? ¿A qué podía responder esa prisa por elevar a los altares a medio mundo?



Tenía su lógica, que no era otra sino presentar un abanico amplísimo para que los católicos tuvieran dónde elegir y, de esa manera, tenerlo más fácil para cumplir con su vocación más genuina: ¡la santidad! Sí, han leído bien. Todos los bautizados están llamados a lo más alto y, a ojos del Vaticano, no hay más que ponerle empeño.



Otra cosa es que se consiga estar a la altura de una personalidad como Juan Pablo II, que lo mismo perdonaba a Ali Agca por haber intentado asesinarle que desautorizaba al general de la Compañía de Jesús, el español Pedro Arrupe. Los seguidores de Ignacio de Loyola todavía se resienten de aquel golpe de timón que puso en manos de un jesuita conservador las riendas de su orden, allá por 1981, cuando el bilbaíno Arrupe convalecía de una trombosis cerebral. Así quedaba clara la autoridad y desconfianza de la Santa Sede ante el posicionamiento de un sector de la Compañía que luchaba a brazo partido por la causa de los pobres en Latinoamérica. Figuras como Ignacio Ellacuría, Jon Cortina, Javier Ibizate y Jon Sobrino no eran santos de la devoción de Wojtyla.



La Teología de la Liberación siempre le inspiró un rechazo visceral. No comulgaba con la plantilla mental de cuño marxista que señalaba con un dedo acusador a las oligarquías sudamericanas (de tez blanca y misa dominical) como responsables de una estructura económica que llevaba siglos oprimiendo a los más desfavorecidos. La lucha de clases no entraba en la agenda pontificia, y mucho menos el enfrentamiento armado que defendían algunos sacerdotes como el colombiano Camilo Torres. Era un pacifista convencido que no admitía excepciones. Bajo ningún concepto.



¿Un progre en los 60?


Juan Pablo II no dudaba en tachar el capitalismo y la locura consumista «de monstruos de nuestra sociedad» pero, a la hora de combatir la miseria, prefería apostar por el ejemplo de la Madre Teresa de Calcuta. Siempre tuvo una vena espiritualista muy marcada -que alentaba releyendo a Santa Teresa y San Juan de la Cruz- y con los años terminó convirtiéndose en su principal fuente de inspiración. Sobre todo cuando reflexionaba en soledad sobre la 'Nueva Evangelización', su verdadero caballo de batalla, que le permitiría «recristianizar el mundo católico».



Una empresa muy cuesta arriba, para la que no le faltaron apoyos a lo largo de su pontificado: Opus Dei, Camino Neocatecumenal, Legionarios de Cristo, Comunión y Liberación... El ala conservadora de la Iglesia cerró filas a su alrededor y muchos -como la catalana Sefa Amell , autora de 'Insumisas en la Iglesia' (ed. Claret)- lamentan «la marginación de teólogos progresistas muy valiosos, por no hablar de la discriminación que seguimos sufriendo las mujeres y que Wojtyla contribuyó a afianzar».



Y todo eso se le reprocha a un hombre que participó en el Concilio Vaticano II, con poco más de 40 años, y que entonces no dudaba en descolgarse con declaraciones de este cariz: «La Iglesia no tiene por qué aleccionar a los no creyentes. Evitemos todo espíritu moralizador, porque uno de nuestros mayores defectos es aparecer como autoritarios». O bien: «No puede existir diálogo si la Iglesia se coloca por encima del mundo y no en el mundo».



Con estos antecedentes se entiende la reacción tan sumamente efusiva que mostraron, nada más verlo salir al balcón de la plaza San Pedro en octubre de 1978, figuras tan dispares como el democristiano Joaquín Ruiz-Giménez, exembajador en el Vaticano y fundador de Cuadernos para el Diálogo, o el mismísimo embajador de Polonia en España, Eugeniusz Noworyta. Uno y otro celebraban la elección de un hombre de Dios que «comprende el socialismo, sabe muy bien que ha realizado profundas mejoras en la situación tradicionalmente pobre de su pueblo».



Ni se imaginaban que no tardaría en estrechar lazos con el sindicato Solidaridad de Lech Walesa -proporcionando apoyo moral y económico- para socavar las bases del régimen comunista y desencadenar un efecto 'dominó' que se extendería por todos los países de la órbita soviética. Se volcó en cuerpo y alma, igual que en sus tiempos mozos, cuando se estiraba entre los palos y despejaba el balón con los puños. Nunca usó guantes, ni siquiera para evitar que le lastimaran los clavos de los botines que usaban antaño los futbolistas. Ya podían llamarle cariñosamente 'Lolek', pero todos sabían que era un tipo enérgico. Le gustaba ganar.


La madre, enferma del corazón y del riñón, muere cuando el benjamín apenas tiene ocho años. No puede ser testigo de su Primera Comunión. Era una mujer con muy buena voz que solía cantarle tonadas propias de su tierra de origen, Galitzia, en el extremo oriental de Polonia y occidental de Ucrania. Tanto allí como en Wadowice, donde vivía la familia Wojtyla, la población judía era numerosa. Ahí empieza a gestarse la simpatía que sentiría siempre por el pueblo hebreo.



Mientras cursa estudios de Filología polaca en la Universidad Jagelónica de Cracovia, es llamado a filas para cumplir con el servicio militar obligatorio. Atiende toda la instrucción pero no dispara ni un tiro. Un pacifismo al que no renunciará jamás, y mucho menos como cabeza visible del Vaticano.



Cuando en 1967, con tan solo 47 años, fue elegido cardenal se le tenía por un hombre 'abierto en política y moderado en el dogma'. Más tarde, ya como papa, no dudó en hacer gala de un talante que abría brecha. En su primera visita a Polonia, incluyó Auschwitz en el itinerario.



El 13 de mayo, recibió dos disparos en la plaza San Pedro de Roma. El pistolero se llamaba Ali Agca, era turco y tenía 23 años. Las heridas, sobre todo en el estómago, le dejaron secuelas irreversibles. Aun así, perdonó públicamente a su agresor.

domingo, 30 de enero de 2011

NORMAS SUCESION PAPA

JUAN PABLO, OBISPO
SERVUS SERVORUM DEI SIERVO DE LOS SIERVOS DE DIOS
AD PERPETUAM REI MEMORIAM Como un recuerdo perpetuo

CONSTITUTIO APOSTOLICA APOSTÓLICA DE LA CONSTITUCIÓN

« UNIVERSI DOMINICI GREGIS » «Todo el rebaño del Señor»

DE SEDE APOSTOLICA VACANTE De la Sede Apostólica está vacante
DEQUE ROMANI PONTIFICIS ELECTIONE Y LA ELECCIÓN DEL PAPA DE LA ROMANA

http://translate.google.es/translate?hl=es&sl=la&tl=es&u=http%3A%2F%2Fwww.vatican.va%2Fholy_father%2Fjohn_paul_ii%2Fapost_constitutions%2Fdocuments%2Fhf_jp-ii_apc_22021996_universi-dominici-gregis_lt.html


CARTA APOSTÓLICA DEL PROPIETARIO EMITIDO MOTU

QUELQUES CHANGEMENTS DANS LES NORMES POUR L'ÉLECTION ALGUNOS CAMBIOS EN LAS NORMAS PARA LA ELECCIÓN
DU PONTIFE ROMAIN EL PAPA ROMANO

BENOÎT XVI BENEDICTO XVI



http://translate.google.es/translate?js=n&prev=_t&hl=es&ie=UTF-8&layout=2&eotf=1&sl=fr&tl=es&u=http%3A%2F%2Fwww.vatican.va%2Fholy_father%2Fbenedict_xvi%2Fmotu_proprio%2Fdocuments%2Fhf_ben-xvi_motu-proprio_20070611_de-electione_fr.html


LISTADO CARTAS "MUTUO PROPIO"

www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_letters/index_sp.htm

jueves, 13 de enero de 2011

El Papa Juan Pablo II podría ser beatificado el 16 de octubre de 2011


Escrito por Redactora
miércoles, 12 de enero de 2011

Una vez aprobado por la Congregación para las Causas de los Santos un milagro efectuado por su intercesión, el Papa Benedicto XVI podría firmar el sábado 15 de enero o el sábado día 22 del mismo mes el correspondiente decreto de beatificación, para la cual se habla de dos fechas: el domingo 3 de abril (seis años y un día después de su muerte) o el domingo 16 de octubre, en ambos casos de 2011. ECCLESIA Digital cree que será el domingo 16 de octubre, día en que se cumplirá el 33 aniversario de su elección pontificia.

Con todo, en algunos medios se piensa que la beatificación no podría ser en esa fecha ya que el 23 de octubre de 2011 habrá canonizaciones y sitúan su celebración para mayo o junio. No obstante, a la luz de la agenda papal para esos meses los domingos 8 de mayo, 5 y 19 de junio Benedicto XVI tiene previstos viajes apostólicos

Image




Por otro lado, la Cope adelanta donde se instalará la tumba de Juan Pablo II cuando sea beatificado: entre la capilla del Santísimo Sacramento y la Piedad de Miguel Ángel.

Según ha podido saber la Cadena Cope, la tumba de Juan Pablo II será trasladada a la nave central del Vaticano, entre la Capilla del Santísimo Sacramento y La Piedad de Miguel Ángel, cuando sea beatificado.

Ya se conoce el lugar que ocupará la tumba de Juan Pablo II una vez sea beatificado. Según ha podido saber la Cadena Cope, el cuerpo de Juan Pablo II se ubicará entre la Capilla del Santísimo Sacramento y la Capilla de La Piedad de Miguel Ángel, donde ahora se encuentra el beato Inocencio XI que, a su vez, será trasladado a la Capilla de la Transfiguración.

Sobre una posible fecha para la beatificación, algunos expertos apuntan a que este mismo sábado el cardenal Angelo Amato, presidente de la Causa de los Santos, lleve el decreto al Papa para que lo firme. A partir de ese momento, Benedicto XVI debe dar a conocer la fecha de la beatificación. Nuestra corresponsal Paloma Gómez Borrero apuesta porque Juan Pablo II será beatificado oficialmente el 16 de octubre, día en que se celebra el 33 aniversario de la llegada de Juan Pablo II al Papado y que cae en domingo.

miércoles, 27 de octubre de 2010

El papa Juan Pablo II confirma los estatutos del camino neocatecumenal en el año 2002







El papa Juan Pablo II confirma los estatutos del camino neocatecumenal en el año 2002

jueves, 14 de octubre de 2010

Juan Pablo II entrega de Cruz a Victor Tenza

Cantordelcamino99

http://www.cantordelcamino.wordpress.com/

en el 0:59 sale recojiendo la cruz nuestro catequista Victor Tenza




http://www.youtube.com/user/albadelgesu#p/u/39/m9sxQzYyYuQ